Sunday, June 03, 2007

EL DERECHO A SOÑAR

Luis Alfonso Cabrera Jaramillo

Existen dos derechos fundamentales para todo ser humano, que muy pocas veces se incluyen en las Constituciones Políticas de los Estados, el primero, el derecho a ser feliz, que quedó olvidado en la Constitución de Filadelfia hace más de doscientos años, y el segundo, el derecho a soñar, que nuestros políticos no lo entienden, o se resisten a entenderlo. Estos derechos que se encuentran escritos en las canciones, en las paredes, en una sonrisa al despertar, en un beso que dura toda la semana, se escuchan en el hermoso escándalo de un recreo escolar, o pendientes del hilo de una cometa lejana.

Defender los sueños y la felicidad, es defender la vida, pero las autoridades y los padres nos enseñan que lo importante es lo rentable, la competencia, ser eficiente y eficaz. Entonces, por qué será que la gente se está muriendo de soledad, de silencio, de tristeza y de miedo, con la barriga y los bolsillos llenos?.

El derecho a soñar debe ser una materia obligatoria en todos los jardines infantiles, pero con mayor urgencia en las facultades de jurisprudencia. Aprender a soñar es mucho más importante que las matemáticas, en los colegios se empeñan en tratar de explicar la física gravitacional, la caída de los cuerpos, ¿pero quien será capaz de explicarnos la caída de una ilusión, problemática que es más compleja y mortal?. Es más, tenemos que incluir los sueños como artículo de primera necesidad, e incorporarlo en la canasta familiar, los noticieros de televisión deben incluirlo en los índices diarios del consumidor: “como amaneció el país en su tasa de sueños y esperanzas”.

Cada mujer y cada hombre, están hechos del material de sus sueños, ¿de que material está hecho usted?, piénselo. Helder Cámara decía que el hombre que sueña solo, solo es un sueño, pero el hombre que hace soñar a un pueblo, gesta una nueva era. Esto sin olvidar que nuestro sueño debe ser latinoamericano, pintado con todos los colores del Tahuantinsuyo, con sabor a peyote, ayahuasca y yagé.

Que sería del mundo sin dragones, sin duendes, sin el cueche, sin la tierra de nunca jamás, sin la Utopía, esa mujer insatisfecha que nunca tiene bastante con lo posible. Abandona la seguridad de tu rutina, solo es un largo preparativo para un bonito funeral, no para disfrutar la existencia.

Los políticos de los grandes sueños se acabaron, como Bolívar que escribía para los siglos y luchaba por continentes, nuestros políticos de hoy a duras penas escriben su agenda y sus grandes batallas son burocráticas. Maquiavelo decía que cada hombre decide si quiere ser amado o ser temido, los soñadores preferimos el amor, no como los políticos que han construido los Estados a sangre y fuego. Los hombres de guerra, después de cada batalla dejan sembrada la semilla del odio para cosechar futuras venganzas, solo los hombres de paz son capaces de terminar las guerras, porque están seguros de que la única manera de acabar con los enemigos, es haciéndolos amigos.

De todas maneras, en el fondo de la Caja de Pandora, los dioses dejaron como último recurso la Esperanza, el ser humano ha sobrevivido todas las calamidades, todas las tragedias y todas las guerras, soñando algo mejor, convencidos como Neruda, de que los tiranos podrán cortar todas las flores pero no podrán detener la llegada de la primavera.

Mientras otros conspiran más alevosías, nosotros organizaremos excursiones para cabalgar unicornios y cazar canciones con su cuerno de añil, viajes a la luna para ver el atardecer de una noche azul de tierra llena, o un menguante verde con estrellas de mar. Soñemos que prestamos el servicio sentimental obligatorio, porque la esperanza es el único recurso natural infinitamente renovable. Solo si cuidamos el amor y la esperanza podremos enfrentar tanta barbarie.